lunes, 9 de junio de 2014

Bahía, hermosa ciudad manaba.

MALECÓN DE BAHÍA
ATARDECER EN BAHÍA


“El Padre Juan de Velasco, célebre Jesuita nacido en Riobamba en Enero de 1729, dice en su Historia del Reino de Quito concluida en 1789, que por el año 700 u 800 de nuestra Era, los Caras llegaron por mar a Manabí y fundaron un reino cuya capital fue Caráquez. Este reino comprendía al norte las tribus de Apesigües, Caniloas, Chones, Pasaos, Silos, Tosahuas y Hahuas, y lindaba por el sur con el reino de los Mantas, que a su vez comprendía las tribus de Apichiquies, Cancebis, Pichotas, Pacoases, Picunsis, Manabíes, Jaraguas y Jipijapas. Poco más o menos permanecieron los Caras en Manabí. No se sabe si a consecuencia de verse molestados por los gigantes que moraban de Santa Elena a Charapotó, o, lo que es más probable, por la insalubridad de la costa, resolvieron ir hacia el norte conducidos por su régulo que tenía el título de Carán “. (Antigüedad del Hombre, W. Loor 1959, pág. 46.).



Juan de Velasco:
Esta claro que las tribus de la época no lo conocían como un reino o nombre conocido como Reino de Quito el cual es puesto por historiadores más cercanos a la colonización. El nombre que más se acerca a los estudios realizados es Quitu, que fue fundada por los Quitus luego de arrebatarlas a las tribus no muy fuertes que tenían la jurisdicción de la región, dado que los territorios de Quito estuvieron poblados más allá de la era cristiana por el 900 a.C, luego fue refundada por los Caras en una conquista dejando el nombre intacto de Quitu, y mezclando la raza a los Quitus-Caras que son la tribu que tendrían el poder hasta la invasión de un imperio creciente de las estepas del sur de los andes. Cabe resaltar que no hubo ninguna batalla épica entre el gran imperio del sur ya que los Quitus-Caras no tenían ningún motivo para tener un ejército y a lo que se dedicaban era a los estudios del cielo y la recolección de recursos. Así que Quitu fue adherido al imperio Inca y ahí paso a ser parte de un imperio y a ser gobernado por un emperador.



Fue fundada por los Caras, quienes luego de desembarcar en las costas de Manabí, conducidos por Carán subieron hacia la cordillera y tras dominar a los Quitus, se asentaron en la región y establecieron su poblado principal en donde hoy se levanta la ciudad de Quito. Sus habitantes, llamados Quitus, eran atrasados y débiles, formaban un reino al parecer pequeño y mal organizado, por lo que no pudieron oponer una resistencia vigorosa a los invasores, y fueron fácilmente vencidos y subyugados por ellos.

La extensión territorial se limitaba en Quito y sus alrededores, un cuadro de 50 leguas de oriente a poniente y de norte a sur entre las dos Cordilleras de los Andes luego de la conquista Caranqui las razas se mezclaron creando a los Quitus-Caras o más conocidos como Shyris. (Historia del Reino de Quito en la América meridional).



La investigación arqueológica realizada en el Ecuador ha demostrado la existencia de pueblos altamente organizados en el territorio que según Velasco eran parte del Reino de Quito. Se ha demostrado también la existencia de decenas de concentraciones de montículos artificiales o tolas en muchos sitios del territorio ecuatoriano, incluso en períodos que van más allá del tiempo estimado por Velasco.


César Pinos Espinoza
cesarpinose@hotmail.com

sábado, 31 de mayo de 2014

Laguna La Toreadora, una belleza sin par.

SE ENCUENTRA A 30 MINUTOS DE CUENCA.
BOSQUE DE QUÍNOAS JUNTO A LA LAGUNA
TURISTAS EXTRANJEROS VISITAN LA LAGUNA

lunes, 19 de mayo de 2014

El pucara de Rumicucho, testigo de glorias quiteñas.







Quito se convulsiona desde las primeras horas de la mañana. Miles de vehículos materialmente vuelan por las avenidas hacia objetivos diversos movilizando a más de un millón de personas. Este periodista circula por el medio más eficaz, quizá cómodo a cierta hora, el colectivo, por la avenida occidental con rumbo norte hacia la Mitad del Mundo. Pretendo, siquiera por un par de horas, disfrutar de la tranquilidad y lugares más o menos atractivos, exentos de bullicio y peligro.




En 30 minutos me encuentro en Pomasqui y a continuación en San Antonio de Pichincha. El calor es insoportable, pero en cambio tengo a mi favor cierto ambiente de pueblo y la posibilidad de caminar despistado, sólo pensando en mis dos objetivos: Rumicucho y los monumentos que recuerdan a la Misión Francesa, agradeciendo eso sí, el poder hacerlo con toda la libertad del mundo y el poseer la capacidad de extrañamiento ante cosas aparentemente simples y sin importancia para el común de los mortales.

Un dólar y medio cobra una camioneta para transportarme desde San Antonio hasta Rumicucho en aproximadamente quince minutos. Dejo entonces el pueblo bullanguero y desordenado para sumergirme en el pasado y meditar durante un buen tiempo sobre lo que fue ese lugar desde el 1450, antes de la llegada de los conquistadores españoles. No está por demás manifestar que la carretera que conduce al sitio se encuentra en buen estado, pero en cambio, después será “regreso del músico”, como quien dice, para hacer deporte.


Rumicucho, según tengo entendido, es el mejor testimonio del poder Caranqui, y luego del imperio incásico que los sojuzgó en el norte, pero que con poco tiempo, alrededor de cuarenta años, tuvo oportunidad de hacer sentir la gran fuerza e importancia del Tahuantinsuyo hasta la llegada de los españoles que, ansiosos de oro y riquezas, lo destruyeron todo, lo cambiaron y pisotearon, tratando de poner las cosas al revés, quizá por temor e impotencia ante esas civilizaciones hermosas del pasado que no las entendieron ni las soportaron. Caranquis e Incas constituyen un episodio aparte y fundamental de la historia pre-colombina en nuestro país. El choque de estas culturas produjo uno de los desastres más terroríficos y sangrientos que registra la invasión incásica en nuestro suelo. 

Los cronistas cuentan que treinta mil Caranquis, por rebeldes, fueron pasados a cuchillo y arrojados en una laguna que después se tiño de rojo. Sería “Yaguarcocha”, el lago de sangre. Pero resulta que esos guerreros sacrificados eran de la estirpe de Pacha, aquella mujer bella y valiente que llegó a conquistar el corazón del más grande guerrero y estadista que vieron estas tierras, Huayna Capac, nacido en Tomebamba, tierra Cañari. Paradojas de la historia, los “guambracunas”, crecerían y más tarde cobrarían venganza dentro de las huestes de Atahualpa contra los peruanos venidos desde Cuzco por las pretensiones de Huáscar para gobernar todo el Imperio, y hermanados con Cañaris, incluso ahogarían al propio medio hermano en Jauja.


Cuartel, templo, tambo y taller

La piedra de los muros está colocada con simetría y tiene el color rojizo, pegada con algún material a manera de cemento de origen volcánico. Existen huellas de varios recintos, galerías, patios y escalinatas; es posible que haya servido para actividades rituales, para observación y para control militar. El pucará de Rumicucho es parte de una cadena de construcciones similares para objetivos militares y religiosos, como los de Capillapamba, Palmitopamba, Chacapata, Guayllabamba y Quitoloma. La función era múltiple: cuartel, fortaleza, templo, tambo y taller. Desde ese lugar se disponía de una amplia y magnífica visibilidad hacia los cuatro puntos cardinales.

César Pinos Espinoza

 cesarpinose@hotmail.com