martes, 15 de abril de 2014
martes, 25 de febrero de 2014
El Coronel William Harris, héroe del Portete.
| Campos del Portete |
El batallón Albión es uno de los que vinieron desde Inglaterra
a luchar por la Independencia. Otro grupo militar irlandés fue el Rifles, el cual
integró el Coronel Harris. El nombre de “Rifles” proviene del arma “rifle” o
“fusil”. El Rifles estuvo en las campañas de Bolívar y también en la batalla
del Portete, el 27 de Febrero de 1829. Se inició en Venezuela, participó en las
batallas de Carabobo y Boyacá, en Junin, Ayacucho y Pichincha. El Coronel Arturo
Sándes (o Sanders) era el Comandante, también inglés, que luego vino a vivir en
la ciudad de Cuenca, en donde falleció. No se sabe dónde está enterrado William
Harris pero se conoce que con frecuencia visitaba la tumba de su ex jefe y mentor, el General Sándes. En ese tiempo el
presidente del Perú era el Mariscal La Mar, cuencano. Para un grupo de
cuencanos fue difícil pelear en contra de otro cuencano, específicamente en la
batalla del Portete.
Convocado Harris se volvió a
poner la casaca, el uniforme, cuando estaba todavía recuperándose de sus
antiguas heridas sufridas en la guerra de la Independencia, pero como tuvo
mucha lealtad con Sucre, fue a pelear en el Portete, ganaron la batalla, el
Mariscal La Mar reconoció la derrota y esa batalla marcó el inicio del Ecuador.
Harris era comandante en la
Unidad que quedaba donde actualmente es el Corazón de Jesús, lugar en el cual
hoy existen casas del Banco Ecuatoriano de la Vivienda. Allí había un cuartel abandonado,
junto a la iglesia, estaba en la calle que después se llamó Coronel Harris pero
luego inexplicablemente pasó a llamarse Baltazara de Calderón, que está entre
las dos “Y”.
El Coronel William Harris se
hizo ciudadano ecuatoriano con el nombre de Guillermo Harris. Un documento muestra
a Harris junto al Coronel Illingworth, de mayor acción en Guayaquil, también
junto a James Stacey, Leonard Stag, Thomas Charles Wrigth, William Talbot, este
último también de origen irlandés, que se estableció en Cuenca y dejó
descendencia.
El Coronel Harris falleció
en Cuenca en 1870 o 1871, aproximadamente a los 73 o 74 años de edad. Vivió
bastante, a pesar de la frecuencia de muertes en juventud por diversas causas.
Fue un hombre valiente, muy comprometido con Bolívar y Sucre, amó mucho a
América y se enamoró en Cuenca, además porque esta ciudad tenía una similitud
con su tierra natal, verde, con bosques, praderas y ríos.
Y un dato interesante: Un
hijo de él fue el Coronel Antonio Harris (católico, muy católico como la
mayoría de irlandeses), igual dos hijos de Antonio, el Obispo de Loja, José
Harris Morales; el nieto General Morales que también vino a vivir en Cuenca
(nombre que se conserva en Socarte, Cañar). Antonio Harris defendió junto al
Coronel Antonio Vega Muñoz a Cuenca durante las guerras contra la revolución de
Alfaro. El coronel Harris, muy joven, también murió durante esa guerra contra
los liberales. El Obispo de Loja, José Harris Morales era hijo del segundo
Coronel Harris, y la Madre Teresa Harris, superiora de un monasterio del Carmen
bajo, cuya tumba debe estar allí.
El Coronel William Harris
llegó joven y recibió el abrazo del también joven Libertador. El batalló Rifles
era el preferido de Bolívar, más que el Albión. En el Rifles estuvieron Harris
y Sándes. Harris visitaba con frecuencia la tumba de Sándes en Cuenca. Octavio
Cordero Palacios dice que por el año 1862 se le veía a Harris por la tardes
visitando la tumba de su amigo coterráneo Sándes, que fue comandante del
Rifles. Su apellido no asoma con descendientes en Cuenca. Como los apellidos
evolucionan, es posible que exista.
(Datos
proporcionados por el Dr. Juan González Harris, tataranieto del Héroe, durante
una entrevista en Radio Cuenca, programa “Contacto sabatino”).
lunes, 24 de febrero de 2014
Un remezón muy doloroso
Los últimos resultados electorales
del domingo 23 han conmocionado a unos y han alegrado a otros. Creemos que no
son tan graves para el partido de gobierno, pero si no se rectifica, podrían
serlo a corto plazo. Lo peor es que no
solo afectarían a la agrupación política sino a todo el país, al orden
constituido y al proceso reorganizativo del Ecuador.
Primero y lo fundamental --como
debe suceder en el proceder individual de los seres humanos-- tiene que iniciar
con una severa autocrítica, y de inmediato con la toma de correctivos, nacidos
de la toma de conciencia de los errores cometidos, que están allí, ante la
vista de todos y de ninguna manera deben pasarse por alto.
El Partido no debe convertirse
en refugio de personas que simplemente buscan empleo, claro que lo merecen,
pero siempre y cuando, como dicen en el argot deportivo, “suden la camiseta”,
no como apoyadores de campaña y de malas noches, lo cual más bien los desgasta,
sino como ciudadanos inyectados de un afán auténticamente revolucionario, imitando
en la medida de sus capacidades o más allá, a lo que realiza el Presidente, con
trabajo arduo, agobiante, visionario, social, súper activo y ajeno al horario
que automatiza al ser y lo vuelve vano. Y no es todo, sino que muy
periódicamente debe mostrar resultados, no en términos de lugares visitados en
cómodos vehículos y horas “light”, sino en evidentes cambios que lleven a la
felicidad de los gobernados.
El extremado exhibicionismo
y cuidado de la imagen puede ser arma de doble filo. No en cada momento en las
pantallas exponiendo y criticando, que en verdad puede convencer a los que
miran, pero que también dar resultados contrarios. Que lo que no se muestra no
se vende, puede ser verdad, pero esta estrategia tiene límites, más aún cuando
fuerzas internas y externas que medran, calculan y husmean, buscan errores,
tergiversando mensajes para sus protervos fines e intereses de desequilibrio
político y gubernamental. La cautela y prudencia son fundamentales y en cierto
modo la cicatería que en lo económico desemboca, pues con la exageración se
mueve a la protesta y a los motivos de desacuerdo. Del análisis sobre lo que
piense la gente común en cuanto a todo esto, saben muy bien los asesores
comunicacionales, y en ese sentido, para las correcciones del caso, hay que
ponerse manos a la obra.
Por otra parte, la vanidad
es mala consejera. Pensar que el poder es infinito y se lo puede brindar como
platos a la carta, es erróneo. Muchos candidatos en el evento último han quedado
solos, incluso los “aliados” y los que no tienen condiciones para gobernar, y
por eso perdieron, más todavía porque con el poder que les “inyectó” el partido
se creyeron “designados por Dios” y por tanto invencibles. Nunca pensaron en
alianzas en todo sentido y por supuesto en cuanto a proyectos y acciones.
El electorado es
impredecible. Su alto grado de falta de conciencia de un auténtico desarrollo –debido
a su bajo nivel educativo- le lleva fácilmente a los brazos de los caudillos
ebrios de poder, limitado poder, pero vanidosamente poder al fin. Y así, las masas se vuelven a equivocar, y
los líderes también. Cuatro años es mucho tiempo para recordar, se olvida fácilmente,
lo que se quiere vivir es el presente, aunque sea con pan y circo. Mientras
tanto, los grandes objetivos nacionales tambalean, hacen agua, no por ellos
mismos, sino porque los conductores pueden terminar cesados.
Ahora, un remezón urgente y
enfático, debe significar, sin sacrificar ni condenar a los actores que han
fracasado, una renovación de los mismos, una “prueba de reingreso”, para
calificar y cualificar su actitud y aptitud como conductores de grupos sociales,
y una redefinición de nuevos cuadros, sin educarlos para ser “ovejas”, sino
para que tengan la capacidad de hablar menos y hacer más, que es lo que en
definitiva todos queremos.
César
Pinos Espinoza
cesarpinose@hotmail.com
martes, 18 de febrero de 2014
Revisando la Historia: El francés Raulet se toma Cuenca.
| Vista panorámica de Girón y los campos del Portete |
“No ofreciendo Oña seguridad
alguna, Raulet se replegó a Saraguro y en la marcha se involucraron 50 hombres
del batallón auxiliar de Cuenca, con sus Comandantes, D. Felipe y D. Manuel
Serrano”.
“La Mar invadió el Ecuador
contando con el apoyo de Obando, cuyo levantamiento (en Pasto) lo anunció “La
Prensa” de Lima un día antes de que tuviera lugar. En una de sus proclamas
alentaba a sus tropas con estas palabras: ‘El poderoso Perú marcha triunfante
sobre ese ejército de miserables”.
“Nuestro ejército se
componía de 7 batallones, dos escuadrones, algunas mitades más de Caballería y
una brigada de Artillería. Total 4500 hombres. La Mar estableció su cuartel
general en Gonzanamá (26 de Dic.). Luego pasó a Loja donde resolvió esperar a
Gamarra”. (Historia del Perú
Independiente). “Gamarra llegó con poco más de 3000 soldados a engrosar las
filas de La Mar”. (Historia del General Salaverry.
Pág. 64. Manuel Bilbao. Lima, 1853).
“El 13 de enero volvió a destacar
a Raulet (francés) al norte con dos Compañías, con las que avanzó hasta El Tablón.
El 7 de febrero se propuso Raulet dar un golpe de mano sobre Cuenca haciendo un
movimiento rápido por Yunguilla y Girón. La ciudad estaba guarnecida por 400
hombres al mando del Coronel González. Con la mitad de ese número atacó y tomó
el 10, presos Gonzáles, el Comandante Federico Valencia, N. Garaicoa y 30
oficiales…Raulet quemó 1200 fusiles, se apoderó del parque, de pertrechos,
municiones, útiles de guerra y de 1400 pesos. El 11 se movió a Sayausí, a dos
leguas de Cuenca y de allí mandó los presos a Guayaquil, como ya he dicho en el
tomo IV, pág. 234. Poco después emprendió su retirada por la derecha de Cuenca
y se reunió al Ejército en San Fernando el 18 de febrero”. (Historia del Perú Independiente. Nemesio Vargas. Págs. 5 y 6. Lima).
Revisando la Historia: De la "Historia del Perú Independiente". Nemesio Vargas.
| Sitio de Susudel. |
El escritor peruano Nemesio
Vargas, autor de la obra “Historia del Perú Independiente”, sobre la batalla
del Portete dice: “De Tambo Grande La mar destacó al coronel Raulet con dos
compañías de Infantería y un escuadrón de Caballería (23 de diciembre), con los
que desalojó de Saraguro al Coronel Azero, con tal rapidez que le obligó a
dejar su correspondencia privada y la oficial. Sucre le había ordenado a
Urdaneta, y éste a sus subalternos, que al retirarse obrasen a lo tártaro,
arrasando cuanto hubiere; pero aunque arrearon con algunos ganados y cegaron
plantíos y sementeras, el ataque y la invasión fueron tan violentos e
imprevistos que nuestro ejército pudo vivir perfectamente a costa del enemigo”.
“Con el refuerzo del Coronel
Vidal avanzó Raulet a Oña, cinco leguas al norte de Saraguro, donde se había
retirado Azero. El camino era escabroso, y viendo que no podía llegar antes del
amanecer, hizo que se adelantara el Capitán Moreira con una Compañía y el
Teniente Grados con una mitad de Húsares para sorprender a Brown que allí
estaba con 100 del Rifles y Yaguachi y 60 de los escuadrones Cedeño y
Granaderos a Caballo, lo que no resistieron y suspendieron la retirada a Nabón
por la hacienda de Susudel. El Teniente Estrada corrió con su mitad por un
callejón lateral para cortarles el paso pero a su vez fue detenido por una
emboscada, que no desanimó al capitán Crespo para picar la retaguardia de Brown,
matarle mucha gente y hacerle 7 prisioneros, escapando sólo la mitad por el
puente de Cartagena. Perdimos 6 hombres y tuvimos 7 heridos, entre ellos el
bravo Estrada”.
Historia
del Perú Independiente. 238 págs. Cap. I. Págs. 5-6. Lima, 1942. Fuentes:
Boletines oficiales de la guerra con la Gran Colombia. Biografías de los
Generales Castilla, Bermúdez, Necochea, Vivanco, Cerdeña, San Román, Miller.
Nota:
Nemesio Vargas Valdivieso. Lima 1849-1921. Fue padre del sacerdote y también
historiador Rubén Vargas Ugarte.
martes, 4 de febrero de 2014
Relatos de un caminante
Conversando con Dios en el Cajas
El paseo arrancó en la población de
Sayausí, Ecuador, a las doce de la noche. El grupo de alegres amigos inició la
marcha con el apoyo de un hombre que con su acémila transportaba las mochilas
de los cinco excursionistas. ¿Por qué íbamos a esa hora y para qué? Sólo cuatro
lo sabían. Yo desconocía las intenciones y objetivos pero me mostraba animoso y
dispuesto a la aventura. En dos horas de
camino a través de una ruta que parecía carretera llegamos a la casa de don
Lizardo, él estaba durmiendo pero se levantó para mostrarnos un lugar en donde
podíamos descansar el resto de la noche. Ya amanecía y el frío era intenso.
Creo que nadie durmió por la baja temperatura y quizás por el interés de ver
algo novedoso al día siguiente.
De pronto, cuando aclaraba la mañana, nos despertó
el ruido de un automotor, era un bus que había llegado y transportaba a unas
chicas que venían de paseo. Poco a poco comenzaron a bajar mientras nosotros nos
apurábamos siquiera lavándonos el rostro y recogiendo nuestros enseres para
atender a las recién llegadas. Aún no sabía de qué se trataba, los cuatro
restantes sí. En todo caso me di cuenta de que eran estudiantes de un colegio
de internado de Cuenca, todas procedentes de la costa. Había que ser atentos y
ayudar, al menos esa era la consigna.
Escogida la pareja, cada uno comenzó el
ascenso hacia la laguna de Luspa. Yo iba con una bella chica de Guayaquil,
llevando su mochila, y creo que simpatizamos rápido y mutuamente. Había que
avanzar lo más pronto posible para aprovechar el tiempo, la tarde y la noche,
según eran los planes. En el camino conversamos de todo: sus estudios, los míos…y
cosas de la juventud. Siendo así la marcha y con semejante motivación para
nosotros dos fue fácil coronar la cuchilla que se ve al frente de la laguna
Toreadora, para en ese filo descansar un rato mientras veíamos que la caravana
avanzaba y nos dábamos cuenta de que estábamos en los primeros lugares. Delante
de nosotros sólo caminaban dos parejas. Con el día muy despejado y hermoso no
había para perderse, sobre todo si uno de nuestro grupo conocía de palmo a
palmo la zona. Por allí ocurrió un gran acierto inconscientemente: chupar naranjas
que mi compañera llevaba en su mochila y arrojar las cascaritas en el camino.
Quién creyera, eso sería mi salvación varias horas después.
Y bajamos y bajamos. Temas tras temas
desfilaron a lo largo del trayecto, todo era felicidad, belleza natural y
olvido del mundo, salvo de las miradas permanentes entre uno y otro, y haciendo
de mí parte mil castillos en el aire. Qué linda, decía en mis adentros cada vez
que la miraba. No tenía ni idea de lo que me iba a suceder después. Ella, de la
alta sociedad de Guayaquil y este su servidor, un muchacho sencillo del pueblo.
Difícil pero no imposible, me animaba. Una hora después ya estábamos en el filo
de la Luspa. ¿Y ahora? A esperar que lleguen todos para comenzar la fiesta y el
romance. Eso jamás sucedería. Comenzaron a arribar las chicas con sus
acompañantes y así, ya se divisaba al resto de excursionistas.
De pronto llegó un hijo de don Lizardo, el
que guiaba nuestra acémila para comunicarnos un pequeño problema: la mula se
había enfangado en el camino y había que ir para rescatar las mochilas y ayudar
a sacar al animal. No hay problema, pensé, será cuestión de una media hora y ya,
dado que el arriero nos aseguró que era por ahí nomás. Entonces, vale ganar
tiempo y volver. Conversamos entre los cinco y decidimos ir al rescate. Me
despedí de la chica y le dije que ya volvería en un rato, que me esperara.
Observé en ella alguna inquietud -intuición de las mujeres- pero me respondí,
son cosas de la edad. Me dijo, te espero, cuídate mucho y vuelve pronto. Para
un muchacho deportista esa caminata adicional era lo de menos, pero…nunca
retornaría.
Tomé la delantera. Como ya conocía el camino
o por lo menos creía conocerlo, no había dificultad. Mis compañeros
conversando, conversando, venían atrás. Cada trecho les silbaba y les apuraba,
ellos respondían y venían hacia mí. Y continuaba la marcha pensando encontrar
por allí a la acémila y comenzar el trabajo, pero nada. Y silbaba y gritaba,
mas, ya sólo el eco me empezaba a responder. Mejor me senté a esperar. Pasó un
cuarto de hora, una media hora y nada. Volví a silbar y gritar, pero no había
respuesta. Vi mi reloj, eran las diez de la mañana. Comenzó a bajar la neblina
y ya no veía ni a tres metros de distancia, sin embargo, no me movía del lugar
y del camino. De pronto la neblina se disipó y esperaba ver la cercana presencia
de alguien…el silencio fue la respuesta y el principio de algo en verdad preocupante.
Me puse a caminar más hacia arriba para tratar de divisar algo, pero cada vez
me extraviaba más y es cuando me dije, ahora sí estoy perdido.
El tiempo avanzaba lentamente, ya eran las
once, las doce, la una de la tarde y todavía mantenía la serenidad; me decía,
al fin es cuestión de caminar de regreso a la laguna por la ruta que tomé y en
una hora ya todo habrá pasado, pero cuando quise hacerlo, no encontré ese
camino. No sabía dónde estaba, pero caminaba por los pajonales y cada momento
me veía en peores condiciones de orientación. Únicamente reflexionaba en que no
debía dejar de caminar ni era momento de lamentaciones. Me acordaba del caso
del joven hijo del doctor Ricardo Muñoz Chávez, alcalde de Cuenca, que se
perdió por allí y lo encontraron días después muerto en una quebrada. Vino a mi
memoria otro insuceso, el de Juan Montero, que abandonó su moto descompuesta y
había decidido caminar para encontrar ayuda, pero que se extravió y murió a
consecuencia de esa decisión fatal de dejar su máquina cuando pudo manejarla
aunque se rompan los cauchos. Y siempre guardaba optimismo, pensaba que todo se
puede con perseverancia y deseos de vivir. No debía decaer ni perder la
confianza en mí mismo.
Mi reloj ya marcaba las cinco de la tarde.
El tiempo comenzó a pasar raudo, la neblina volvió a bajar. Esto es el fin,
pensé. Ya eran las seis de la tarde, en unos minutos comenzará a oscurecer. La
verdad es que no me había acordado de Dios hasta ese momento. Me senté en una
piedra y dije:
- Dios mío, no me dejes
aquí, si es posible, aparta de mí ese cáliz, soy muy joven para morir, tengo la
vida por delante y no soy malo, tú sabes.
De pronto oí una voz que me respondía:
- No te preocupes, estoy
jugando contigo.
- Pero Señor, tú estás
jugando y yo estoy desesperado, cómo es eso.
Él se rio:
- No. Sólo quiero ver qué
capacidad tienes para resolver tus problemas. Los hombres deben aprender a
hacer uso de la inteligencia que les he dado para valerse de sí mismos y
afrontar sus momentos difíciles.
- Claro que sí, le insistí,
pero en este momento ya no encuentro alternativa alguna, y tú juegas conmigo.
Volvió a reír: Mira, dijo, no te pasará nada,
esto sólo es una prueba, te necesito para otros objetivos más importantes y tú
tendrás que servirme, de modo que tienes que hacer un esfuerzo más y deberás
recordar siempre esta lección, las locuras juveniles a veces conducen a la
muerte y esa chica en quien estás inspirado no es para ti, lo hago para cambiar
tu rumbo en la vida y te tengo un mejor porvenir, pero no te vuelvas a equivocar…
Mi Interlocutor misterioso me cerró la
comunicación y me dejó nuevamente solo. Oscurecía. En eso me fijé bien en un
claro del camino a un metro de distancia, eran cascaritas de naranja. Me
agaché, las besé y me aferré a la vida, no debo separarme de este camino, es lo
último que me queda, pues, a lo mejor estoy soñando, delirando y jamás vi ni
conversé con nadie.
Apenas unos metros más y me encontraba
encaramado en el filo de la cuchilla y ya en la noche vi una luz lejana, era la
casa de don Lizardo en Quínoas. A partir de ese momento es otra historia,
caídas, levantadas, tropiezos, desgarres y sangre, un ganado que me persigue en
la oscuridad y al fin, la casa de don Lizardo. Antes de entrar, los perros ladraban
nerviosos, mientras yo alzando la mirada al cielo exclamaba:
- ¡Gracias Señor!
Volvió Aquél a sonreír y me dijo:
- ¡Cuánto te amo…!
César
Pinos Espinoza
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