viernes, 6 de diciembre de 2013
jueves, 5 de diciembre de 2013
Mujeres patriotas, amantes y semillas
En la madrugada del 3 de
diciembre de 1820 el batallón Numancia se pasó íntegro a las filas patriotas.
Los líderes que hicieron posible esta defección fueron los capitanes Tomás
Heres y Ramón Herrera y los tenientes Pedro Guash y Pedro Izquierdo, oficiales
del citado batallón. Estos y otros jefes habían sido seducidos por la
propaganda patriota y con ello se hizo posible tan gran suceso. Se sabe que en esta labor
de seducción tuvieron destacada actuación varias damas peruanas, sobre todo
Carmen Noriega, Gertrudis Coello, Carmen Guzmán, Hermenegilda y María Simona
Guilsa y Rosa Campuzano. Carmen Guzmán era la propietaria de una fonda donde
alojábanse y comían los oficiales del Numancia. Este hecho facilitó la labor de
ganar a la causa patriota a los oficiales de Numancia, que con frecuencia se
encontraban en la mencionada fonda.
La señora Juana Garaicoa
Llaguno viuda de Camba murió en 1834 a los 60 años y legó a la posteridad una
imagen de modesta y practicante “de todas las virtudes cristianas”, enunciación
que se imprimió en el epitafio: “La dulzura de su carácter, su humildad, su
piedad, su caridad, su ternura maternal solo pueden compararse al dolor de sus
desgraciados hijos, que ni esperan ni quieren en la tierra más consuelo que
vivir siempre inconsolables”.
Manuela
Cañizares, quien recibió el seudónimo de “mujer fuerte”, “tanto por el influjo
que ejercía sobre los principales corifeos, especialmente con Quiroga, como por
la serenidad de su ánimo, y por el varonil esfuerzo con que animaba a la
empresa a los que manifestaban algún temor o desconfianza”; y Manuelita Sáenz,
a quien “el tuerto” Calle la definió como “mujer de grande ánimo y varonil
resolución”. Las guayaquileñas se involucraron decididamente en las luchas
independentistas organizando reuniones conspirativas, elaborando materiales
para la soldadesca e incluso, contribuyendo con su peculio a la tarea
libertadora, como Josefa Rocafuerte de Lamar, hermana de Vicente Rocafuerte,
que hizo un donativo de 500 pesos “para los fondos destinados a la campaña de
Perú”
Manuela
Sáenz, Baltazara Terán, Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos, María Donoso
Larrea, entre otras, son ciertos nombres de las mujeres que participaron
activamente en la gesta independista, apoyando a los soldados bolivarianos para
entregar a América una nación independiente y soberana. Tomasa Bravo, una
hermosa mulata oriunda del Yaguachi de inicios del siglo 19, es ahora
reconocida históricamente como otra de las protagonistas indirectas de la
campaña patriótica por la independencia, que tuvo su punto culminante un día
como hoy en las faldas del Pichincha, donde se selló la libertad de lo que
ahora es el Ecuador.
Y
es que de su romance con el general Antonio José de Sucre, durante la primera
estadía de este a cargo del Cuartel General en Guayaquil (entre 1821 y 1822),
Tomasa trajo al mundo una niña, en abril de 1822, a la que se le puso por
nombre Simona, coincidencia o no, un femenino poco común del nombre del mentor
y padre militar del prócer venezolano, el Libertador Simón Bolívar.
Muy
joven y por circunstancias que no se han podido precisar, Tomasa Bravo falleció
en 1825, y al enterarse, el Mariscal le envía desde Bolivia una carta al
coronel Vicente Aguirre, en Quito, a quien le solicita que se haga cargo de la
niña y cubra todos sus gastos. En su misiva, Sucre le dice a Aguirre:
"Abuso de la amistad de usted, para rogarle que me haga llevar esta niñita
a Quito y la ponga en una casa en que la críen y la eduquen con mucha
delicadeza y decencia, la enseñen cuanto se pueda a una niña y en fin, me la haga
tratar tan bien como espero de usted". De la pequeña Simona y lo que fue
luego su vida, se sabe muy poco. Se cree que ingresó a un convento para
convertirse en religiosa, lo cual significaría que con ella terminó esa
descendencia del Mariscal. Pero
en Guayaquil quedan algunos rasgos: Simona fue bautizada en la catedral por el
padre Fray Alipio Laram el 20 de abril de 1822. Es decir, poco más de un mes
antes de que su célebre padre lidere a las tropas en las faldas del Pichincha,
declarando libre del mando español este territorio, para anexarlo
definitivamente a la Gran Colombia que diseñaba Bolívar. El documento del
bautizo de Simona permanece en el archivo de la catedral de Guayaquil, libro
17, folio 7. En 1822 posterior al triunfo de Pichincha, el militar venezolano
conoce a Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, de 17 años de edad, con quien
se casa el 20 de abril de 1828.
En
julio de 1829 nació Teresa, hermana quiteña de Simona, quien para entonces ya
tendría 7 años. Pero Teresa murió a los 2 años de edad al caer accidentalmente
-algo que se ha cuestionado- del balcón de su casa, ya cuando el heroico padre
de ambas no estaba: había sido asesinado en Berruecos, en junio de 1830. Simona
y Teresa, sin embargo, tuvieron hermanos en Bolivia, hasta donde Sucre llegó
con el ejército libertador y país del que fue Presidente y cuya capital
histórica lleva su nombre. Sucre conoció allá a Rosalía Cortés y Silva,
aristócrata de La Paz, con la cual tuvo un hijo -enero de 1826- que fue
bautizado con el nombre de José María. Tras un fugaz paso por la carrera
militar, este se retiró a la vida privada. Tuvo 11 hijos. En
Tarija, también en Bolivia, el Mariscal tuvo otro romance con María Manuela
Rojas, fruto de lo cual nació, el 7 de junio de 1828, su hijo Pedro César
Sucre. El hijo de Pedro César se llamó Julio César y tuvo dos hijos más, que a
la postre se convirtieron en los bisnietos del prócer.
Fuente:
Alfonso Rumazo González, Rodolfo Pérez Pimentel y Arturo Costa de la Torre.
martes, 3 de diciembre de 2013
Reportaje: Los Amantes de Sumpa
La
pintura en este museo ubicado en el cantón Santa Elena, provincia del mismo
nombre, es hermosa e impresionante. Dice con detalle muchas cosas sobre
nuestros primeros habitantes costeños de hace 10 mil años. El artista ha
plasmado de modo correcto una escena cotidiana que los identifica plenamente
entre los pueblos de América del Sur. Camino por las calles de esta
ciudad alegre y calurosa y en el rostro de muchos habitantes veo a los Vegas. No hay duda, la etnia estuvo dispersa
a lo largo de una enorme zona que hoy corresponde a las provincias de Guayas y
Santa Elena. Posteriormente sus descendientes poblaron hasta El Oro y Manabí.
De acuerdo a las investigaciones incluso habitaron en la costa norte del Perú.
Las Vegas, 10 mil años
de antigüedad
El sitio Las
Vegas fue descubierto en 1961 por una expedición de la Universidad de Columbia,
New York, bajo la dirección del investigador y científico Edward P. Lanning. El
museo de sitio se encuentra hacia las afueras del centro cantonal y el Banco
Central lo mantiene de excelente forma. Según los arqueólogos la cultura
tendría entre 7 y 9 mil años de antigüedad, sin embargo, nuevos estudios en 1990
dijeron que el primer asentamiento de Las Vegas fue hace 10 mil años.
Karen Stothert, antropóloga norteamericana, en
1972 determinó que se trata de una proto-cultura, lo
cual ha sido aceptado por las universidades de Stanford,
Yale y Harvard. Entonces,
piso en el sitio funerario más importante del Ecuador, el entierro llamado “Los Amantes de Sumpa”. De la llamada “Civilización
Caral”, en el norte de Lima, Perú, se dice algo similar en cuanto a antigüedad.
Luego, es posible que las dos culturas--dado que los nuestros fueron expertos
navegantes--incluso se relacionaron en algún momento. En los museos vemos algunas muestras
de concha Spondylus, y como sabemos, este fue un elemento de mucho valor para
nuestros ancestros costeños.
Valdivia, pueblo laborioso y admirable
Qué lindo es
todo esto, en el traslado de un lugar a otro no se siente ni hambre ni
cansancio, ni molesta el calor. Los buses para viajar de Santa Elena a Valdivia
son pobres y creo que sus propietarios no están en condiciones de tener sus
vehículos como manda la ley y como es lógico, sólo les preocupa que anden como
sea y tener pasajeros. Llegamos a Valdivia. Buscamos el museo y sin dificultad
lo encontramos. No parece museo sino una casa cualquiera con unos cuartos en
donde se exhiben piezas al parecer antiguas, aunque no hay que olvidar que en
esos lugares la gente es muy hábil para fabricar objetos exactamente iguales a
los antiguos, es decir, “figuras recién envejecidas para americanos”, como dice
la canción de Piero. En todo caso, es un museo de buena voluntad y
apasionamiento por parte del dueño. Valdivia es una cultura arqueológica
precolombina que se desarrolló entre el 3500 a. C. y el 1800 a. C. en la costa ecuatoriana
entre las provincias de Manabí y Santa Elena, una de las áreas más secas de nuestro
litoral. Es la cultura más antigua de agricultores sedentarios y ceramistas del
Ecuador y una de las primeras de Sudamérica, aseguran los entendidos. Dicen que
vivían del cultivo de maíz, fréjol, yuca, calabazas, achira y algodón. De modo
que la achira no ha sido exclusiva de Girón y otros rincones serranos. También
eran pueblos cazadores, especialmente de venados, pescadores en mar abierto y recolectores
de moluscos y crustáceos en playas, manglares y esteros.
Jocay fue una gran ciudad manteña
En
América del Sur la presencia del hombre data de hace treinta mil años aproximadamente,
la hoya amazónica era un inmenso lugar
de bosque seco, lo que debe haber facilitado la expansión del hombre, no
adaptado aún a la selva tropical. Por su parte Valdivia dio paso a la cultura Machalilla
y luego a la Chorrera, transmitiéndoles muchos elementos culturales,
especialmente aquellos relacionados con la innovación en la cerámica. Recién
conozco que Jocay, hoy bajo la moderna urbe de Manta, era la gran ciudad
manteña precolombina, que según el milanés Girolamo Benzoni (1550), viajero en
América en los primeros momentos de la conquista, habría tenido más de 20 mil
habitantes, de los cuales encontró solamente 50, cuando la visitó. Según nuestro
amigo y ex compañero de aula colegial, el arqueólogo Ernesto Salazar González,
de magníficos estudios en Europa y Estados Unidos, “el único arqueólogo que
logró ver las ruinas de la ciudad fue Marshall Saville (1907), quien señala la
existencia de restos de ‘cientos’ de casas y muchos montículos-probablemente
tumbas- dispersos por todas partes. Jijón y Caamaño, que también la visitó,
sólo pudo ver montones de huesos humanos apilados selectivamente, por cráneos,
mandíbulas o piernas, reducidos a su mínima expresión”.
Pueblos que desaparecieron
calladamente
De
los “Amantes de Sumpa” se han dicho muchas cosas: que fueron jóvenes, que
murieron juntos no se sabe por qué causa, que estuvieron solidarios en la
muerte…De estos casos en la vida moderna también se dan cuando existe el
auténtico amor. Pero esos jóvenes jamás se imaginaron que llegarían a ser tan famosos en la ciencia y la
arqueología, pues el hallazgo causó conmoción en el mundo entero. Hoy reposan
en una vitrina. En el sitio se descubrieron cerca de 200 osamentas,
constituyendo el cementerio más grande de América de esa época, según
manifiesta un documento del Banco Central. La desaparición de los habitantes
costeños es un misterio. Posiblemente fueron víctimas de las enfermedades
traídas por los extraños, o a lo mejor huyeron al interior, es decir, calladamente
se hundieron en la noche de los tiempos, para luego reaparecer en los rostros y
figuras de miles de modernos habitantes de la costa que hoy vemos.
César Pinos Espinoza
cesarpinose@hotmail.com
lunes, 2 de diciembre de 2013
Navegando por el río Esmeraldas, Ecuador.
A partir de la población de Viche, cantón Quinindé, se puede navegar por el río Esmeraldas aguas arriba hasta múltiples pequeños poblados. Es un ambiente hermoso y tranquilo.
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