martes, 12 de noviembre de 2013

La batalla de Berlín y caída de Alemania.





De: Una mujer  en Berlín.

Por: Luis Fernando Moreno Claros
En efecto, en la detallada narración de los avances del ejército de Stalin hacia Berlín, el autor de La caída no omite la referencia al miedo cerval de los civiles y, sobre todo, de la población femenina frente a la llegada de los rusos. Aparte de asesinar a cualquier varón que les opusiera la más mínima resistencia, la violación de toda mujer o niña que tenía la desgracia de toparse con ellos era operación obligada para esos guerreros sedientos de algo más que de sangre. Escaso fue el número de mujeres que escapó a las ansias amatorias de los miembros del Ejército Rojo, borrachos como cubas en la mayoría de los casos: los alemanes, en su retirada, les dejaban alcohol a discreción a fin de retardar el avance de un ejército de beodos. 

Pero las consecuencias del exceso etílico las pagaban las "perras fascistas". Beevor no olvida aclarar que el Ejército Rojo tenía una deuda pendiente con la Wehrmacht alemana; los soldados de Hitler incendiaron, saquearon, violaron y asesinaron a conciencia cuando invadieron Rusia, en 1941. Así que el desafuero soviético fue excusado por muchas personas como un lógico acto de venganza. Los comisarios políticos estalinistas explotaron la sed de revancha de los soldados e impartieron consignas de odio que embravecieran a sus tropas: "Matad alemanes, odiad Alemania y todo lo alemán, matad cerdos fascistas", etcétera. Así que, inflamados de odio, los alemanes y las alemanas carecían de valor para ellos: los superhombres se tornaron infrahumanos.

La crueldad de los rusos con los civiles y, principalmente, aquellas violaciones en masa fueron la razón de que los alemanes prefirieran ser vencidos por los americanos o los ingleses antes que caer en manos de los soviéticos. El ejército americano o el inglés —salvo en casos aislados— jamás cayó en semejantes desmanes. Los rusos, en general más primitivos, incultos y abotargados por la ideología estalinista, excesivamente limitados en su visión del mundo, empobrecidos mayoritariamente por el comunismo, reprimidos sexualmente en un Estado que despreciaba el erotismo, se comportaban en la rica y civilizada Alemania como bestias desatadas. (Extracto).

La Batalla de Berlin fue una de las batallas finales de la Segunda Guerra Mundial entre la Alemania nazi y la Unión Soviética por el control de la capital alemana. Durante los combates, el líder alemán Adolf Hitler se suicidó, así como su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels. Un gran número de personajes relevantes del ejército alemán y el partido nazi, como el secretario personal de Hitler y Canciller del Partido, Martín Borman, murieron intentando escapar del cerco o fueron hechos prisioneros por los soviéticos.

En la tarde del 30 de abril las tropas soviéticas lanzan su ataque sobre el Edificio del Reichstag, que desean tomar en pocas horas para ofrecerlo a Stalin como «obsequio» del Primero de Mayo. La lucha en el Reichstag es brutal y los defensores alemanes se parapetan bien en las ruinas; tras varias horas de salvajes combates dentro del edificio, soldados soviéticos se abren paso hacia el tejado y en la noche del día 30 hacen ondear desde allí una bandera de la URSS. Pese a este gesto, hasta el atardecer del día siguiente sigue la resistencia de grupos de soldados alemanes aislados en diversas salas del Reichstag, por lo cual el 1 de mayo las tropas soviéticas aún no pueden considerar como «controlado» el vasto edificio.

martes, 5 de noviembre de 2013

EL CODEX GIGAS, UN VERDADERO MISTERIO






El Codex Gigas (en latín significa "libro grande"), también conocido como Códice Gigas, Códice del Diablo o Códice de Satanás, es un antiguo manuscrito medieval en pergamino  creado a principios del siglo XIII y escrito en latín presuntamente por el monje Herman el Recluso del monasterio de Podlažice (en Chrudim, centro de la actual República Checa. Fue considerado en su época como la "octava maravilla del mundo" debido a su impresionante tamaño (92 × 50,5 × 22 cm, el manuscrito medieval más grande conocido), su grosor de 624 páginas y su peso de 75 kg. Está iluminado con tintas roja, azul, amarilla, verde y oro, tanto en mayúsculas capitales como en otras páginas, en las que la miniatura puede ocupar la página completa. Se encuentra en un excelente estado de conservación.

El Codex contiene la Biblia (la versión de la Vulgata, excepto los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis, que provienen de una versión anterior), el texto completo de la Chronica Boemorum (Crónica checa) de Cosmas de Praga, curas medicinales, encantamientos mágicos, dos trabajos del historiador judío Flavio Josefo (las Antigüedades judías y la Guerra de los judíos), las Etimologías del arzobispo San Isidoro de Sevilla, varios tratados sobre medicina del médico Constantino el Africano, un calendario, una lista necrológica de personas fallecidas y otros textos. 

Tal combinación de textos no existe en ninguna otra parte, calificado por Christopher de Hamel, profesor de la Universidad de Cambridge como "un objeto de lo más peculiar, extraño, fascinante, raro e inexplicable". Es de un precio incalculable, ha sido robado gran cantidad de veces y fue guardado en secreto por un emperador del Sacro Imperio Germano. La leyenda señala que el autor del Codex Gigas fue un monje Benedictino condenado a ser emparedado vivo por un grave crimen y para que la pena le fuera condonada, el monje propuso crear una obra monumental que honraría al monasterio, un códice que contendría la Biblia y todo el conocimiento del mundo. El tiempo estipulado por el mismo monje fue de una noche. La tarea del monje era sobrehumana, por lo que se cuenta que solicitó la ayuda del mismo Satanás, el cual aceptó crear el libro en una noche poniendo como condición aparecer su imagen en una de las páginas.

Una nota sobre la primera hoja del Codex Gigas establece a un monasterio benedictino en Bohemia Podlažice, cerca de Chrudim, como primer propietario conocido del manuscrito. Es poco probable que este enorme libro haya sido escrito en Podlažice. El monasterio era demasiado pequeño y demasiado pobres para llevar a cabo tal empresa avanzada, que requiere enormes recursos humanos y materiales. Hasta donde sabemos, ningún otro manuscrito medieval se conserva del monasterio. El nombre del escriba del Codex Gigas no se conoce, pero se ha conjeturado que era el monje Herman, cuyo nombre y apodo inclusus Hermanus monachus(Herman, monje recluido) aparece el 10 de noviembre en la necrológica. El epíteto inclusus estaba vinculado con la leyenda del libro, se cree que el monje se auto aisló del mundo por penitencia, y se dedicó a escribir el libro como parte de su castigo, pues entonces transcribir un texto sagrado era considerado una forma de redimirse. Fuente: Wikipedia.

JOSÉ MARÍA SÁENZ, UN HÉROE ASESINADO EN PESILLO.




Entre 1.824 y el 27 fue jefe del Batallón Quito formado por sujetos de esa capital. El 10 de octubre de 1.825 recibió la Medalla del Busto del Libertador decretada por el Congreso Nacional peruano a los más importantes próceres de la independencia. En 1.826 ascendió a Coronel graduado. El 27 fue pintado por Antonio Salas para la galería de retratos de próceres de la independencia que mandó a confeccionar el General Juan José Flores.

Sáenz fue elevado a Coronel efectivo en el campo de Batalla en el Portete el 27 de febrero de 1829 y en octubre Bolívar lo ascendió a General de Brigada y Prefecto de Quito. Con tal dignidad encabezó el 13 de Mayo de 1.830 el Acta de Separación del Distrito Sur de la Gran Colombia y al día siguiente se trasladó a Pomasqui a Juramentar a Flores como Jefe Civil y Militar del nuevo Estado. Por entonces se llevaban muy bien. Sáenz tenía a cargo las obras de refacción de la quinta "El Placer" de propiedad de Flores.  

Mientras tanto el General Rafael Urdaneta habíase proclamado en Bogotá a nombre del Libertador pidiendo su inmediato regreso. Con tal fin despachó a su hermano Luis a Guayaquil a que soliviantare a las nuevas autoridades y las vuelva otra vez a Bolívar, a tiempo que Sucre viajaba a toda prisa a sostener la unidad. Parecía que la vuelta a la Gran Colombia estaba próxima. Así lo pensó el Vicepresidente ecuatoriano José Joaquín de Olmedo que en noviembre apoyó a Urdaneta quien designó delegados ante el Encargado del ejecutivo Dr. José Fernández-Salvador y López, suegro de Sáenz y miembro de la camarilla floreana que detentaba el poder.

La revolución de Luis Urdaneta dejó claramente establecido que los firmantes del Acta Separatista del 13 de Mayo de 1.830 lo hicieron en su mayor parte movidos por algún compromiso o por el afán de figuración política, más no por convicciones profundas, pues algunos actuaron después a favor de la vuelta a la Gran Colombia, como fue el caso del General Sáenz, considerado el más importante General quiteño de este tiempo. El 20 de abril de 1834, ya durante la primera presidencia de Flores, entró por el páramo de El Ángel y arribó a la hacienda Santa Rosa de su amigo Valdivieso para caer por sorpresa sobre la población de Tabacundo donde hubo un leve cruce de disparos. Le acompañaban doscientos paisanos inexpertos en los gajes de la guerra pero dispuestos a enfrentar a las tropas regulares del general Antonio Martínez Pallares.

Eran las cuatro de la tarde del día 21 de abril de 1.834 y todo se había perdido. Sáenz desmontando de su caballo y en el suelo ordenó a su ayuda de campo que levantare bandera blanca de rendición. Tomado prisionero, permaneció cosa de un cuarto de hora hasta que un oficial de apellido Cárdenas ordenó su ejecución, ignorándose si fue ajusticiado a puñaladas o lanceado o si por el contrario lo sometieron a la pena de fusilamiento. El tal Cárdenas moriría pocos días después cerca de Otavalo en un encuentro furtivo con fuerzas revolucionarias, pagando su crimen. Poco después se produjo la batalla de Miñarica que llevó a Rocafuerte al poder tras su pacto con Flores, volviendo todo a su estado original; Manuela Sáenz fue obligada a salir al destierro de Paita por peligrosa para la tranquilidad del país, debido a que según se creía, volvía para vengar la muerte de su hermano. (Rodolfo Pérez Pimentel).

sábado, 2 de noviembre de 2013

¿ EXISTIÓ LA ATLÁNTIDA? LEAMOS "EL TIMEO" Y "CRITIAS" DE PLATÓN.


 


Atlántida es el nombre de una mítica isla, mencionada y descrita en los diálogos Timeo y Critias, textos del filósofo griego Platón.

Los escritos de Platón sitúan la isla, «delante de las Columnas de Hércules»; la describen como "más grande que Libia y Asia juntas", y la señalan como una potencia marítima que 9000 años antes de la época del legislador ateniense Solón habría conquistado gran parte de Europa y el norte de África, siendo sólo detenida por una hipotética Atenas prehelénica, después de lo cual habría desaparecido en el mar a causa de un violento terremoto y de un gran diluvio, «en un solo día y una noche terribles».

La descripción de los textos de Platón y el hecho de que en ellos parece narrase una historia verdadera, ha llevado a que, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, durante el Romanticismo, se hayan propuesto numerosas conjeturas sobre la existencia y real ubicación de la isla. No obstante, hoy se sabe que el relato presenta anacronismos y datos imposibles, lo que descartaría su verosimilitud literal. Con todo, se admite la posibilidad de que el mito haya sido inspirado en un fondo de realidad histórica vinculado a alguna catástrofe natural.

Descripción de la isla

Los textos de Platón señalan la geografía de la Atlántida como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios, rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo.